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Diseño web para psicólogos y consultas de terapia

Quien busca un psicólogo llega con dudas muy concretas y con poca paciencia para el ruido: cómo es la primera sesión, si es online o presencial, cuánto dura, cuánto cuesta y qué pasa con lo que cuenta ahí dentro. La web que contesta eso rápido y sin adornos es la que consigue la cita.

Nadie llega aquí de rebote

Esa búsqueda se escribe después de darle muchas vueltas, y se llega a tu página con una mezcla incómoda de urgencia y de ganas de cerrar la pestaña.

Eso quiere decir que no vas a tener una segunda oportunidad de explicarte. O las cinco dudas de arriba están contestadas donde se ven, o la persona sigue mirando consultas.

Y hay una sexta que casi nadie escribe y todo el mundo se pregunta: qué pasa si escribe y luego no quiere seguir. Dejar claro que el primer contacto no compromete a nada quita más miedo que cualquier párrafo sobre el bienestar.

Lo que gana la primera consulta es contestar eso rápido y sin adornos. No la foto más bonita de un sofá.

Menos ruido y más respuestas

Nada de tres tarjetas iguales con iconos, ni de frases sobre el bienestar y el equilibrio. Ese registro está tan visto que ya no dice nada, y encima suena igual en todas las consultas.

Lo que funciona aquí es el texto sobrio y en primera persona: quién eres, en qué trabajas, con qué enfoque, y cómo es de verdad una primera consulta contigo.

Si atiendes online, dilo arriba y con esas palabras. Es el primer filtro de mucha gente y el que decide si sigue leyendo o vuelve a la lista de resultados.

Y di el precio de la sesión si puedes. Es la duda que más gente se queda sin resolver y la que más frena el primer contacto, porque preguntarlo por correo da apuro.

El número de colegiado no es un adorno

La psicología es una profesión colegiada, y eso cambia lo que hay que tener publicado.

El artículo 10 de la Ley 34/2002 exige a las profesiones reguladas cuatro datos que no se le piden a cualquier otra actividad: el colegio profesional al que perteneces, tu número de colegiado, el título académico con el que ejerces y el Estado donde se expidió. Van encima de los que sí se piden a todo el mundo.

Aquí ese bloque de identificación se monta con tus datos y aterriza en el aviso legal. Las tres páginas legales acompañan siempre a la web, y ninguna puede quedarse vacía: si a una le falta el texto, la publicación se detiene.

Y hay una razón práctica además de la legal: mucha gente comprueba ese número antes de escribir. Tenerlo a la vista es de las cosas que más confianza dan y menos cuestan.

El formulario tiene que pedir lo justo, y aquí hay un aviso

En una consulta de psicología el formulario de contacto es lo más delicado de toda la web. Cada campo de más es una invitación a que alguien escriba en la casilla de una página cosas que no deberían viajar por ahí.

Las preguntas las decides tú. Y cuando añades un campo cuya etiqueta habla de salud, de medicación, de diagnósticos o de otras categorías especiales, la herramienta te avisa, te explica que la casilla de privacidad no basta para eso y te propone qué hacer.

Conviene decir hasta dónde llega ese aviso: es un aviso para ti, no un bloqueo. Puedes publicar el campo igualmente, y quien visita la web no ve ninguna casilla extra. Lo que la herramienta no hace hoy es recoger el consentimiento explícito y separado que esos datos necesitarían.

Traducido a lo práctico: el formulario está pensado para concertar una primera consulta, no para recoger una historia clínica. Pide el nombre, la forma de contacto y, como mucho, un motivo breve.

Qué se guarda de cada mensaje

Junto a cada mensaje se guarda el texto exacto de la casilla de privacidad que se enseñó ese día y la fecha en que se aceptó, no una referencia a la política de hoy.

Y se guarda la pregunta tal y como estaba escrita entonces. Si dentro de un año cambias las etiquetas del formulario, los mensajes viejos siguen enseñando lo que de verdad se preguntó.

La dirección desde la que se escribió se guarda convertida en una huella, no en claro.

La casilla va siempre sin marcar, y lo que el navegador manda como texto del consentimiento se ignora a propósito: se guarda el que tiene el servidor. Una prueba de consentimiento que escribe quien consiente no prueba nada.

Sin cookies, sin analítica y con el mapa apagado

En esta profesión esto pesa más que en ninguna otra, y por eso está aquí arriba y no en la letra pequeña.

La web no deja ni una cookie en el navegador de quien entra, y no lleva instalada ninguna herramienta de medición: ni la de Google, ni la de las redes sociales, ni las que graban por dónde se mueve el ratón.

De ahí salen dos consecuencias. La primera, que quien llega no se encuentra el cuadro del consentimiento delante antes de poder leer nada. La segunda, y es la que de verdad importa aquí, que nadie salvo tú llega a saber que esa persona estuvo mirando la web de una consulta.

Queda el mapa, que es lo único que mira hacia fuera. Nace apagado y solo se enciende si alguien lo pide, con el aviso escrito justo debajo del recuadro. Un vídeo incrustado se comporta igual.

Citas, si las quieres

El calendario sale de tu horario real, con la duración de cada tipo de sesión, así que una primera consulta y una de seguimiento no ocupan lo mismo.

Y si prefieres hablar por teléfono antes de dar hora a alguien que viene por primera vez, la web puede quedarse en formulario y teléfono, sin agenda pública. Sin horario completo no se publica ninguna tabla de horarios.

Lo que la agenda no hace todavía: no cobra la sesión ni pide señal, no manda recordatorios y quien reserva no puede anular desde la web.

Sobre lo que no se puede afirmar

La web no va a publicar tasas de éxito, ni porcentajes de mejora, ni testimonios de pacientes, ni valoraciones que no tengan de dónde salir.

No es una postura estética ni una limitación que se pueda desactivar: un dato que nadie ha dado detiene la publicación en vez de salir a internet con tu nombre encima.

Y en esta profesión eso además te protege a ti. Un testimonio de un paciente en la web de una consulta es un problema aunque venga firmado con iniciales.

Preguntas frecuentes

¿Puedo tener consulta presencial y online a la vez?

Sí. Se publican las dos modalidades con lo que cambia en cada una, incluida la dirección solo para la presencial y la forma de conectarse para la de a distancia.

¿Dónde acaban los mensajes que me escriben?

En el listado de respuestas de la aplicación, cada uno con la pregunta tal y como se enseñó ese día y con el texto de privacidad que aceptó quien escribió. Y te llega un aviso al correo de tu cuenta, el que has confirmado, con el mensaje dentro.

¿Puedo poner opiniones de pacientes?

La herramienta no publica valoraciones sin procedencia comprobable, así que no. Y aunque pudiera, es de las cosas que más problemas dan en una consulta. Lo que sí funciona es explicar bien cómo trabajas: convence más que cualquier frase entrecomillada.

¿Puedo recibir por el formulario lo que le pasa a la persona?

Puedes, pero no deberías, y la herramienta te lo avisa cuando lo estás montando. El formulario está pensado para concertar una primera consulta. La historia se cuenta en sesión, no en una casilla de una página web.

¿Tengo que publicar el precio de la sesión?

No estás obligado. Si lo dejas en blanco se pinta «Consultar» en su lugar, y no una cifra orientativa. Dicho eso, es la duda que más gente se queda sin resolver, y preguntarla por correo da apuro: tenerla escrita suele traer más primeras consultas que esconderla.

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Cuéntale a qué te dedicas y mira qué sale

Tu primera web va incluida y no sale de ninguna plantilla: se escribe con lo que nos cuentes y, si nos pasas el enlace de tu ficha de Google, mirando además tus fotos una a una. No se publica hasta que tú quieras.

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