Quiero una página web para mi negocio: por dónde se empieza
La mayoría de las webs de negocio pequeño fracasan por lo mismo: se hacen pensando en cómo quedan y no en para qué son. Esta página cuenta qué tiene que llevar la tuya, qué te puedes ahorrar, y cómo se publica sin que nadie te pase un presupuesto.
Casi nadie va a llegar a tu web navegando
Esto conviene entenderlo antes de decidir nada, porque cambia lo que hay que hacer. A la web de un negocio de calle se llega de tres maneras: buscando el nombre del negocio, buscando lo que haces cerca de donde está esa persona, o desde el enlace que le has pasado tú por WhatsApp.
Ninguna de las tres es «he entrado a ver qué tenéis». Las tres llegan con una pregunta concreta en la cabeza y con el pulgar listo para volver atrás.
Por eso una web de negocio pequeño no compite en bonita. Compite en contestar rápido. La que contesta gana la llamada aunque la otra tenga mejores fotos.
Las cuatro preguntas que tiene que resolver la primera pantalla
Antes de bajar el dedo, quien entra quiere saber cuatro cosas. Si alguna no está a la vista, se va a la siguiente pestaña, que suele ser la de otro que hace lo mismo.
Qué haces exactamente
Con las palabras que usa quien te busca, no con las del sector. «Arreglamos persianas» se entiende; «soluciones integrales de cerramiento» hay que traducirlo.
Dónde, y hasta dónde te mueves
Si tienes local, la calle y la ciudad. Si vas a domicilio, los barrios o los pueblos a los que llegas. Es la segunda pregunta de todo el mundo y la que decide si te llaman.
Cómo se contacta contigo, ahora mismo
Un teléfono que se pulse y llame desde el móvil, no un número escrito dentro de una imagen. Y si prefieres que te escriban, un formulario o WhatsApp, pero uno solo destacado: dos caminos iguales no son el doble de fácil.
Qué pasa después de contactar
Si das presupuesto antes de empezar, si el desplazamiento se descuenta, en cuánto sueles contestar. Esto es lo que casi nadie pone y lo que más tranquiliza al que duda.
Lo que hace falta reunir para empezar
Menos de lo que parece, y nada de ello lo tienes que escribir bonito. Con esto ya se puede publicar algo digno el mismo día:
- El nombre del negocio y a qué te dedicas, contado como se lo contarías a un vecino en el bar.
- Dirección y teléfono, o la zona en la que trabajas si vas a domicilio.
- Tu horario, día por día y con los tramos de cada uno, si quieres que la gente pida hora.
- Entre cuatro y ocho fotos tuyas de verdad: el local, el trabajo terminado, la furgoneta, las manos trabajando. Hechas con el móvil vale.
- Los servicios que ofreces, con precio solo si quieres publicarlo.
- Tus datos fiscales, que son los que van en el aviso legal.
Lo que no hace falta
No hace falta un logotipo profesional, ni tener los textos escritos, ni haber comprado un dominio, ni saber qué es un alojamiento.
Tampoco hace falta decidir hoy los precios. Si prefieres no publicarlos, aparece «Consultar» y nunca una cifra aproximada que luego tengas que desmentir por teléfono.
Y no hace falta saber nada de informática. Los cambios se piden hablando, no arrastrando bloques por una cuadrícula.
Lo que la ley española sí te pide que pongas
Esto no lo decide una moda de diseño y conviene tenerlo claro antes de publicar. La Ley 34/2002, de servicios de la sociedad de la información, en su artículo 10, obliga a que en la web de una actividad económica se pueda acceder de forma permanente, fácil, directa y gratuita a unos datos concretos.
Son estos: tu nombre o la denominación social, el domicilio, una dirección de correo electrónico, el número de identificación fiscal, los datos de inscripción registral cuando corresponda, y el precio con indicación de si lleva impuestos incluidos cuando publicas precios.
Si ejerces una profesión colegiada, la misma ley añade los datos del colegio, el número de colegiado y el título con el que ejerces.
En una web hecha aquí, esos datos van en el aviso legal, que se publica siempre junto con la política de privacidad y la de cookies. Si falta el texto de cualquiera de las tres, la web no se publica.
Sin cookies, y por lo tanto sin el cartel de las cookies
Las webs que salen de aquí no ponen ni una cookie y no llevan ninguna herramienta de analítica. Ni Analytics, ni el píxel de Meta, ni mapas de calor.
De ahí sale una consecuencia que se agradece: no hay cartel de cookies tapando la pantalla en la primera visita, que es exactamente lo que hace que alguien con prisa se vaya.
El mapa es la única pieza que habla con Google, y no carga hasta que alguien lo pulsa. Debajo lleva escrito lo que pasa si lo abre. Hasta entonces, Google no sabe que esa persona ha entrado en tu web.
Los cinco fallos que hunden la web de un negocio pequeño
Ninguno es de diseño. Los cinco son de información, y los cinco se pueden comprobar en dos minutos en la web que ya tengas.
- El teléfono metido dentro de una imagen. No se puede pulsar, no se puede copiar y quien lee la pantalla en voz alta no lo oye.
- Un horario que no es el de verdad. Es el peor de todos: manda a alguien a tu puerta con la persiana bajada.
- La carta o el catálogo en un PDF. Obliga a hacer zoom en el móvil, tarda en abrir y Google no lo entiende igual que a un texto.
- Fotos de banco de imágenes. Un local que no es el tuyo se nota en cuanto alguien cruza la puerta, y lo que quedaba de confianza se va con él.
- Nada que diga la zona en la que trabajas. Se traduce en llamadas de sitios a los que no vas a ir y en desplazamientos que no rentan.
Dónde queda publicada, y de quién es
En una dirección propia del tipo tunegocio.vistaprevia.dev, incluida en todos los planes, desde 17 € al mes sin IVA. Va con su certificado, sin renovaciones que recordar y sin nada que actualizar.
Si más adelante quieres tu propio dominio, el plan Pro lo incluye, y la dirección de siempre sigue funcionando igual.
Los textos y las fotos siguen siendo de quien los aporta. La licencia que nos das es solo la necesaria para alojarlos y enseñarlos, y se acaba cuando los borras. Eso está en las condiciones de uso, no solo en esta página.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tarda en estar publicada?
Tu primera web va incluida y no sale de ninguna plantilla: se escribe con lo que nos cuentes y, si nos pasas el enlace de tu ficha de Google, mirando además tus fotos una a una. Antes de mandártela se repasa entera para que no diga de tu negocio nada que no se pueda sostener. Por eso tarda, y por eso no te damos una hora que no sabemos: te avisamos por correo en cuanto esté. A partir de ahí los cambios salen mientras miras, y son minutos.
¿Y si no me gusta cómo queda?
Se lo dices y lo cambia. Nada se publica hasta que le das al botón, y después se sigue editando igual, hablando.
¿Necesito comprar un dominio para empezar?
No. La dirección incluida funciona desde el primer día, se puede enseñar y se puede pasar por WhatsApp. El dominio propio es una decisión que puedes tomar después, sin rehacer la web.
¿Me sirve si no tengo local y trabajo a domicilio?
Sí, y cambia la web entera: donde iría el escaparate va tu radio de trabajo, y todo lo demás se ordena para que la gente llame en vez de para que se acerque.
Ya tengo Instagram, ¿para qué quiero una web?
Para tres cosas que ahí no puedes hacer: aparecer cuando alguien busca lo que haces en Google, enseñar tu horario y tus precios sin que se pierdan bajo las publicaciones nuevas, y recibir citas o mensajes sin depender de una aplicación que decide qué se ve. Las dos cosas conviven bien; la que no depende de nadie es la web.
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Cuéntale a qué te dedicas y mira qué sale
Tu primera web va incluida y no sale de ninguna plantilla: se escribe con lo que nos cuentes y, si nos pasas el enlace de tu ficha de Google, mirando además tus fotos una a una. No se publica hasta que tú quieras.
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