Hacer una página web sin programar y sin arrastrar bloques
Hay tres formas de hacerse una web sin saber programar, y las tres funcionan. Lo que cambia es dónde se te va el tiempo y en qué punto te quedas atascado. Esta página compara las tres, explica a fondo la de aquí, y dice qué se gana y qué se pierde eligiéndola.
Los tres caminos, y lo que cuesta cada uno de verdad
Cuando alguien decide hacerse la web sin programar, tiene tres opciones reales. Las tres funcionan; lo que cambia es dónde se te va el tiempo y en qué te quedas atascado.
Una plantilla que se rellena
Rápido de empezar y barato. El problema llega el día que tu negocio no encaja en los huecos que la plantilla tenía previstos, y acabas metiendo la zona de servicio en el campo de la dirección porque no hay otro sitio.
Un editor de bloques
Control total sobre dónde va cada cosa, a cambio de aprenderte una herramienta nueva: columnas, márgenes, comportamiento en móvil. No es programar, pero es un oficio igualmente, y el que se aburre a mitad se queda con media web publicada.
Contarlo y corregir lo que salga
Es lo que hace esto. Se cuenta a qué te dedicas y sale una web entera; a partir de ahí se corrige hablando. El tiempo se te va en decidir qué quieres decir, que es la parte que no puede hacer nadie por ti.
Qué significa exactamente «sin programar» aquí
Significa que no hay ningún sitio donde escribir código, y también que no hay ningún panel de bloques, columnas y márgenes que aprenderse.
Le cuentas a qué te dedicas y sale una web entera: portada, servicios, fotos, quién eres, contacto, tus tres páginas legales y, si trabajas con hora, calendario de citas.
A partir de ahí los cambios se piden en la misma conversación, con las palabras que usarías con una persona.
Cómo se pide un cambio, con frases de verdad
No hay una sintaxis que aprenderse ni una lista de comandos. Estas son del tipo de las que funcionan:
- «Sube la foto de la fachada la primera y quita la del escaparate.»
- «Los sábados solo por la mañana, de nueve a dos.»
- «Quita el precio del tinte y déjalo en consultar.»
- «En la portada di que trabajamos también en Alcorcón y Móstoles.»
- «El texto de arriba suena a folleto. Escríbelo como si me lo preguntara un vecino.»
- «Añade un servicio de reparación de calentadores, cuarenta y cinco minutos.»
Lo que la inteligencia artificial no decide sola
Esto importa más que todo lo anterior, porque es donde fallan las webs generadas por una máquina: en lo que se inventan mientras rellenan huecos.
Aquí cada dato que afirma algo lleva marcado de dónde viene: de ti, de tu ficha pública, o deducido. Lo deducido no se publica. Y no es que salga con un aviso pequeño: es que la publicación se para y te dice qué dato falta.
- Un precio deducido detiene la publicación. Un precio que no has dado se pinta «Consultar», nunca «Gratis» ni una cifra aproximada.
- Un horario deducido detiene la publicación, y uno al que le falte un día de los siete también.
- Una reseña o una valoración sin procedencia detiene la publicación. Ni una estrella se inventa.
- Una cifra destacada dentro del texto, del tipo «tantas instalaciones al año», detiene la publicación si no viene de ti. Y un dato de la barra de confianza sin procedencia fiable no se publica, sin más.
- Dos webs distintas no pueden compartir la frase de portada ni la descripción que sale en la vista previa de WhatsApp: lo impide un índice único en la base de datos.
El guardián que lee tu política de privacidad y la compara con tu web
Este es raro y merece la pena contarlo, porque no lo hemos visto en otras herramientas y arregla un problema muy común.
Casi todas las políticas de privacidad copiadas dicen cosas que la web no hace: que usa Google Analytics, que hay un panel de cookies donde elegir, que se cargan contenidos de terceros al entrar.
Antes de publicar, el texto legal se contrasta con el código que se va a subir. Si la política nombra una herramienta de medición que no está puesta, o manda al visitante a un panel de cookies que no existe, la publicación se detiene. Y si el texto dice que esa web no usa Analytics, pasa sin problema, porque la frase se lee entera y se ve la negación.
Dicho de otra forma: aquí no se puede publicar una política de privacidad que mienta sobre la propia página que la lleva.
Lo que cambia de una web a otra, y lo que no
Conviene decirlo con precisión, porque «cada web es única» es una frase que dice todo el mundo.
Lo que es único de verdad, y está garantizado por la base de datos, son los textos: la frase de portada y la descripción social no se pueden repetir entre dos webs.
Lo que varía por diseño es la maqueta de la portada y la de los servicios, la de la galería, la de las opiniones y la de las preguntas, la cabecera, la barra de confianza, la banda de cierre, el fondo, el ambiente, la pareja de tipografías, la escala de tamaños, el ritmo vertical, el estilo de los filetes y el reparto del texto de portada. Multiplicado sale 12.415.721.472.000, aunque el número por sí solo no dice gran cosa: lo que importa es que cada proyecto cae en una según su semilla, y que si la que te toca no te gusta, se pide otra.
El color también varía, y hasta hace poco no: hay 12 gamas y tu oficio solo puede caer en unas pocas, porque el reparto está hecho a mano oficio por oficio. Lo que sigue sin poder pedirse es una gama concreta ni los colores exactos de tu marca. Esa parte hoy no la tienes.
Qué se pierde por este camino
Control fino de la maquetación. Si lo que quieres es mover un botón tres píxeles a la izquierda, esta no es la herramienta: aquí se pide el qué y el cómo lo resuelve el sistema.
A cambio no hay forma de dejar la web fea por accidente, ni de romper el móvil, ni de publicar un texto gris claro sobre fondo blanco. El contraste se comprueba antes de publicar y un fallo detiene la publicación, igual que un dato inventado.
Preguntas frecuentes
¿Necesito saber escribir textos de marketing?
No. Si sabes explicar a qué te dedicas, ya sabes usarlo. Los textos los propone la inteligencia artificial a partir de lo que le cuentes, y tú los corriges hasta que suenen a ti.
¿Puedo tocar el código si sé hacerlo?
No. No hay editor de código dentro del producto ni forma de meter etiquetas propias. Quien quiere ese control suele querer también otras diez cosas que aquí no están, y prometerlo a medias sería peor que decir que no.
¿Puede salirme la web parecida a la de otro del mismo oficio?
Los textos no: la frase de portada y la descripción social son únicas por construcción, lo impide un índice de la base de datos. La maqueta puede coincidir en teoría, porque sale de una semilla y dos semillas distintas pueden repartir igual, pero con 12.415.721.472.000 combinaciones no es lo corriente. Si te pasa, se pide otro diseño y cambia.
¿Y si publico algo con un error?
Se corrige hablando y se vuelve a publicar, sin coste y sin límite de veces. Publicar y volver a publicar no gasta créditos: los créditos se gastan al generar y al editar con el chat.
¿Puedo cambiar el diseño sin cambiar los textos?
Sí. El diseño sale de una semilla, y pedir otra reparte de nuevo la maqueta de la portada, la de los servicios, las tipografías y el ritmo, sin tocar ni una palabra de lo que has escrito.
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Cuéntale a qué te dedicas y mira qué sale
Tu primera web va incluida y no sale de ninguna plantilla: se escribe con lo que nos cuentes y, si nos pasas el enlace de tu ficha de Google, mirando además tus fotos una a una. No se publica hasta que tú quieras.
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