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Diseño web para restaurantes, bares y casas de comidas

A la web de un restaurante se entra con el móvil, de camino, y con tres preguntas: si estáis abiertos, qué hay de comer y cómo se llega. Si las tres se contestan sin buscar, la mesa se llena.

Treinta segundos y alguien al lado esperando

Nadie se sienta a explorar la web de un restaurante. Se mira de pie o en el coche, con alguien al lado esperando una respuesta y con la decisión medio tomada.

Eso le da la vuelta al orden de todo. Lo que en otra web iría al final, aquí va arriba: si hoy estáis abiertos, qué se come y el botón de cómo llegar.

Y sube el listón de lo que cuenta como «contestado». Si hay que bajar, ampliar con dos dedos y volver atrás, no está contestado: la conversación pasa al siguiente sitio de la lista antes de que nadie haya leído vuestra historia.

El horario es lo que más se consulta y lo que más se equivoca

La cocina y la sala no cierran a la vez, y los lunes cierra medio sector. Aquí cada día lleva sus tramos, así que la jornada partida se publica como es y no como una franja continua que no cumple nadie.

Y si no das el horario completo, no se publica ninguno. Suena severo hasta que se mira lo que pasa cuando no lo es: en un conjunto anterior de webs publicadas con horario de plantilla, los negocios medidos ofrecían atención con el local cerrado durante 2.650 horas a la semana entre todos. En un restaurante eso es una pareja plantada delante de una persiana bajada un viernes por la noche.

Ese horario se publica además en el formato que lee Google, tramo a tramo. Si cierras de cuatro a ocho, se publican dos franjas y no una sola de doce a doce.

La carta, escrita en la página y no en un PDF

Los platos van escritos en la propia web, con su precio si quieres publicarlo. Un PDF hace tres cosas malas a la vez: obliga a hacer zoom en el móvil, tarda en abrir con mala cobertura y Google no lo entiende igual que a un texto.

Y hay una cuarta, que es la peor: el PDF es el que nadie actualiza. La carta de la web acaba siendo la del año pasado con precios que ya no son.

Si la carta cambia cada semana, se cambia hablando. Le dices qué plato entra y cuál sale y se publica, sin tocar nada más de la web.

Los alérgenos, que no son opcionales

El Reglamento (UE) 1169/2011 fija en su anexo II las catorce sustancias que causan alergias o intolerancias y de las que hay que informar. En España, el Real Decreto 126/2015 lo desarrolla para los alimentos que se sirven sin envasar, que es el caso de cualquier restaurante o bar.

Esa información se puede dar por escrito o de palabra por el personal, siempre que haya un cartel visible que diga dónde se consigue y que esté disponible antes de que la persona pida. Si se da de palabra, tiene que existir además por escrito para el personal, para el cliente y para quien haga el control.

La web no sustituye a nada de eso, pero es el sitio más barato donde tenerlo. Poner los alérgenos junto a cada plato, o al menos una nota clara de a quién preguntar, evita la conversación de pie en la puerta y te trae a la gente que hoy no entra porque no se atreve a preguntar.

Cómo llegar y dónde aparcar

El mapa apunta a tu ficha de verdad, la que lleva tu nombre y tus reseñas, y no a unas coordenadas sueltas en mitad de la calle. Se construye con el nombre del negocio, la calle y la ciudad, que es lo que hace que salga tu ficha y no un punto anónimo.

Y no carga hasta que alguien lo pulsa. Debajo del recuadro va escrito lo que pasa si lo abre, con esas palabras. Hasta ese momento, Google no sabe que esa persona ha entrado en tu web, y tú no necesitas cartel de cookies.

Al lado del mapa va lo que de verdad se pregunta y casi nadie escribe: si hay terraza, si se puede ir con niños, si hay sitio para aparcar cerca, si se puede entrar con perro, si hay escalones en la entrada.

Reservas: por teléfono o con calendario

Si reservas por teléfono, el número va arriba y grande, y no se publica ninguna promesa de mesa libre. Un botón que dice «reservar» y acaba en un teléfono que no coge nadie es peor que no tener botón.

Si prefieres que reserven desde la web, el calendario sale de tus tramos reales y no ofrece una hora a la que no hay cocina. Cada tipo de reserva lleva la duración que le pongas, y no se acepta una para dentro de diez minutos.

Lo que la agenda no hace todavía, y en hostelería se nota: no pide señal por adelantado, no manda recordatorio el día antes y quien reserva no puede anular desde la web. Su correo le pide que avise, pero no lleva tu teléfono: para localizaros tiene que volver a la web.

Las fotos, que aquí sí venden

Es el único de estos oficios donde la foto convence más que el texto. Los platos que de verdad sacas, la sala con la luz que tiene a la hora que se llena, la barra, la terraza en verano.

Lo que no funciona es el banco de imágenes. Un plato de foto de catálogo que no se parece al que llega a la mesa deja peor sabor que no haber puesto foto.

Aquí se publican las tuyas, hechas con el móvil si hace falta. La galería sale a partir de tres fotos y admite hasta doce, y las de la sala cargan solo cuando alguien baja hasta ellas, para que la página abra rápido en la puerta del restaurante con una barra de cobertura.

Preguntas frecuentes

¿Puedo tener horarios distintos entre semana y el fin de semana?

Sí. El horario se da día por día y cada uno con sus tramos, así que el domingo solo mediodía y el lunes cerrado se publican tal cual, también en la ficha que lee Google.

¿Puedo cambiar la carta yo mismo?

Sí, hablando. Le dices qué plato entra y cuál sale, y se publica sin tocar nada más de la web. No cuesta nada volver a publicar, ni la primera vez ni la número treinta.

¿Puedo poner la carta también en inglés?

Hoy no. Las webs salen solo en español y no hay segunda versión de las páginas ni selector de idioma. Si tu clientela es de fuera, conviene saberlo antes de empezar.

¿Puedo cerrar por vacaciones sin desmontar la agenda?

Sí. Los días cerrados se dan junto con el horario, así que basta con decir las fechas y volver a publicar. Esos días dejan de ofrecer huecos y la tabla de horarios sigue siendo la de siempre.

¿Sirve para reservas de grupos grandes?

Para que te escriban, sí: puedes poner un formulario con las preguntas que necesitas, número de comensales, fecha y si hay menú cerrado. Lo que el calendario no hace es reservar por número de personas ni cuadrar mesas, así que un grupo grande sigue pasando por ti.

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Cuéntale a qué te dedicas y mira qué sale

Tu primera web va incluida y no sale de ninguna plantilla: se escribe con lo que nos cuentes y, si nos pasas el enlace de tu ficha de Google, mirando además tus fotos una a una. No se publica hasta que tú quieras.

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